A menudo escuchamos que la meditación es no pensar en nada y poner la mente en blanco. Como habrás podido observar la mente no para nunca, ni en tus sueños.
Lo que hacemos al meditar es conectar con el cuerpo, habitarlo y poner inicialmente la atención en la respiración para ir poco a poco adentrándonos en un estado más relajado.
Posteriormente, focalizamos la atención en un punto interno como anclaje y observamos lo que acontece. La mente tenderá constantemente a traernos pensamientos, muchos de ellos de la vida cotidiana, nos hacemos conscientes del pensamiento y simplemente observamos, lo dejamos pasar.
No entramos en ese momento en reflexión, lo pasamos de largo para volver constantemente al punto de anclaje, si hemos elegido una meditación concentrativa. En ocasiones elegimos meditaciones observativas o guiadas sin estar preparados y no ayudan demasiado a ir hacia dentro y centrar la atención.
Lo más adecuado es que empieces poco a poco con técnicas sencillas y cuando hayas integrado la primera, continúes añadiendo las siguientes para alcanzar cada vez mayor profundidad. Te garantizo que baja muchísimo el nivel de estrés y ansiedad.
En el próximo post te hablaré de lo que necesitas para comenzar, cómo ha de ser el espacio elegido y una serie de cuestiones importantes. Por supuesto es fundamental que disfrutes de la preparación y lo hagas sencillo para ti.
Si quieres aprender técnicas útiles de meditación adaptadas a tus necesidades, podemos agendar una sesión y ver qué puedes aplicar para comenzar a tomar ese hábito de manera sencilla y sostenible en el tiempo.
Gracias por ser y estar.


