He estado un tiempo ausente y quería contaros el motivo.
Cada vez que llega junio siento la necesidad de hacer una pausa. Es un momento para mirar hacia atrás, agradecer lo vivido durante el curso, reflexionar sobre lo aprendido y dar espacio a lo que está por venir.
A esa pausa se suma el verano, una estación que invita a bajar el ritmo, descansar y vivir con más presencia. Este año, además, lo estoy pasando en mi pueblo por primera vez en muchos años y he querido dejarme llevar por esa calma.
Cuando abrí este blog, mi intención era publicar un artículo cada semana. Era algo bonito, pero con el tiempo me he dado cuenta de que no encaja del todo con la forma en la que quiero vivir y acompañar.
Si en mis clases y sesiones hablo de respetar los propios tiempos, escuchar las necesidades del cuerpo y alejarnos de la exigencia constante. Sentía que este espacio también debía ser coherente con esa manera de entender la vida. Por eso, a partir de ahora, el blog no seguirá un calendario fijo. Seguiré escribiendo porque disfruto compartiendo reflexiones, herramientas y experiencias, pero lo haré cuando lo sienta. Quiero que este blog siga siendo un lugar donde se respire calma, coherente con lo que soy y con la forma en la que acompaño a las personas.
Gracias por seguir aquí, por leer y por comprender que, a veces, el mejor camino no es el más rápido, sino el que recorremos despacio y con autenticidad.
Este es el mensaje de hoy, se fiel a ti mismo y a tus ritmos.
Gracias por ser y estar.


